¿Qué vamos a hacer con la droga que se está quedando en México?

 

El humo del incendio del Casino Royale en Monterrey cubre a todo el país. No importa en donde estemos, la tragedia ya no será lejana a partir de ahora. ¿Se acuerdan ustedes cómo veíamos los atentados de la ETA en televisión y compadecíamos a los afectados, pero seguíamos sintiéndonos a salvo? Los ojos del mundo hoy se dirigen hacia México y no hay palabras que acompañen nuestra tragedia, sólo la compasión y una solidaridad impalpable alcanzan a llegarnos.

¿De verdad estamos tan solos? Preguntaba Efraín Bartolomé hace unas semanas cuando un comando de la Policía Federal irrumpió en plena noche en su casa. La respuesta creo que todos la sabemos. Poco a poco, nos hemos ido aislando, lo que pasaba en el norte era problema del norte. Los regios, por ejemplo, “tan orgullosos ellos”, debían hacerse cargo de su municipio y de su estado y cada cual de lo que le corresponde y nada más. Lo típicamente mexicano. Hemos equivocado el rumbo y ahora, estamos tan solos que en 2 minutos y 30 segundos unos cuantos hombres sin moral, sin amor, sin conciencia, pueden llegar y matar a 52 personas y subirse a sus coches y huir como si nada hubiese pasado.

El verdadero terror, desde mi punto de vista, no son las armas, ni las drogas, es la falta de conciencia. Estamos llenos de hombres que dejaron de ser hombres porque perdieron la capacidad de comunicación y aprendieron a matar sin recordar su piedad, porque prefieren imponer un poder violento y sin sentido que pertenecer a una comunidad. Entes aislados, enfermos de sí mismos, que no conocen la pena.

El terror es que los hombres hayan perdido los escrúpulos y que quienes aún los tenemos, poco a poco, vayamos perdiendo las esperanzas.

Esperanzas que no crecen al escuchar al “Líder” de este país, sino al contrario. Nuestros gobernantes se presentan ante cada nueva tragedia con el mismo discurso viejo, con las mismas promesas y mentiras, con sus condolencias intrascendentes, echándole la culpa al país de arriba, que sí tiene mucha culpa, pero es francamente inaceptable que ante una tragedia de esta magnitud solo se entreguen promesas y lavados de conciencia.

El hecho de que el Presidente de este país haga un llamado a los Estados Unidos en un discurso luctuoso que responde a un acto terrorista nos pone sin duda a temblar ante la reacción del país que, en palabras de Calderón, es el número uno en el mundo en venta de armas y el más férreo (irracional) combatiente del terrorismo en el mundo.

No queremos que esta masacre continúe pero estoy seguro de que tampoco queremos que este país se convierta en un Irak. Aunque es claro que bajo el agua, ya cruzan nuestra frontera sus fuerzas ocultas que intentan crear una valla invisible que evite que este desorden que puebla nuestro país se acerque a su reinado “perfecto”.

Hace una semana salió una noticia que incluso parecía inverosímil: un ex integrante deBlackwater (una compañía militar privada estadounidense) que luchó en Irak y Afganistán dio a conocer a la prensa mexicana que se está iniciando un reclutamiento de veteranos de los escenarios de guerra más fuertes de Estados Unidos, para que vengan a enfrentar el narcotráfico en México.

El mismo ex-veterano piensa que esto es un arma de doble filo que más bien podría resultar contraproducente:

 

“Me dijo que estaban buscando a gente que hable español y cuando le pregunté si era para ir a México, se puso a reír. La situación en México está bien grave, a mí me angustia porque mi papá es mexicano y you know? mi abuelo es mexicano. Yo sé cómo ganar batallas, sé cómo sacar al enemigo, pero en este caso se siente uno como impotente, porque no hay nada que uno pueda hacer. (…) Mi preocupación es que la compañía Triple Canopy o Blackwater y sus subsidiarias se metan en México, porque los narcos van a hacer lo mismo y van a traer a los rusos, chechenos, sirios, serbios y jordanos, entre otros.

A mí llegaron a reclutarme a mi puerta ¿O.K.? Todo esto está pasando ahora. Si hacen eso es porque los cárteles deben estar hablando con mercenarios para prometerles mucho dinero.

¿Sabe usted cuánto gana un militar del ejército de EU? Lo más que yo ganaba cuando era militar era de mil 200 a mil 300 dólares, pero muchos de esos son los que les dicen ‘cowboy’. Si ellos se meten a su país se van a pasar del lado de los narcos y no van a tener el mismo respeto que tengo yo, ellos van a poner a echarse tiros y después preguntar”.

 

Sin duda el perfil del mercenario va muy bien con lo que vemos diariamente que a lo largo y ancho del país se reproduce. Jóvenes como “el Ponchis” que antes de llegar a los 20 años saben muy bien como cortar una cabeza.

Pero, si que el gobierno nos diga que van a seguir enfrentando con “mano dura” a las organizaciones criminales no nos da paz y si la idea de que Estados Unidos meta su cuchara en nuestro país nos da terror, ¿cuál es la solución?

Tal parece que volvemos, como perros confundidos, sobre nuestra cola y le damos vueltas y vueltas a la misma idea: pactar con el narcotráfico.

Anteayer la revista Forbes publicó un artículo que proponía como una solución un pacto entre los cárteles y el gobierno para poder frenar la violencia en el país:

 

“El gobierno mexicano está dejando pasar una oportunidad, aunque sea vaga, de encontrar algún tipo de solución pacífica con los carteles. (…) Hacer la paz con los cárteles no puede ocurrir en el vacío. Ese es el truco. Si se permite que continúen el mercado negro, el contrabando y la violencia nada más, eso no es mejor que el combate a la delincuencia patrocinado por el Estado. Ese fue el status quo en los gobiernos anteriores y la razón por la cual el presidente Felipe Calderón es un apasionado de la guerra contra las drogas.

Sin embargo, sería bueno acabar con la violencia, y la manera de hacerlo no es llevar a todos los cárteles y criminales ante la justicia. Eso es una tontería imposible y poco realista. La manera de poner fin a la violencia es acabar con el mercado negro por completo, es ponerle fin a la prohibición.(…)

La política simultánea tendría que ser un fin de la prohibición, algo que México no puede realmente hacer con un pie de Estados Unidos encima del hombro.”

 

El texto surgió de una declaración (que Forbes cita) del procurador de Justicia de Guerrero, Alberto López Rosas, que sugiere que el Gobierno Federal haga una tregua con el crimen organizado:

 

“Esperaría una tregua, porque nadie tiene derecho a poner en riesgo la tranquilidad de una sociedad. Nadie tiene derecho a hacer prevalecer sus negocios, más cuando son ilícitos, a costa de una sociedad que tiene el afán de trabajar y de esforzarse por sacar adelante a su familia”.

 

El secretario técnico de Seguridad, Alejandro Poiré, rechazó esta propuesta. Y como pudimos ver ayer el gobierno sigue firme en sus convicciones, sigue “condenando” los crímenes, los actos terroristas, la venta de drogas. Sin embargo estas “condenas” por lo pronto, son sólo de palabra porque no vemos los resultados de su “lucha incansable”.

La verdadera pregunta sería ¿contra qué se está luchando? ¿contra el consumo de drogas en el país? ¿contra el transito de drogas en el país? ¿contra la violencia por la lucha de la plaza?

Como una patada para Calderón y para todos nosotros, el muchacho del momento, Alejandro Poiré, admitió que el consumo de drogas en el país ha aumentado a raíz de la “Guerra contra el narco”, aunada a toda la publicidad que obtienen los cárteles en los medios por cada acto criminal, hay un problema que resulta indignante. Dice Poiré:

 

“Lo que nos preocupa ahora es qué vamos a hacer con la droga que se está quedando en México a raíz del éxito de los esfuerzos de ambos Gobiernos por detener el paso de drogas a Estados Unidos”.

 

Es un hecho que la “Iniciativa Mérida” que Calderón planteaba en 2008 como una responsabilidad compartida (con E.U.A.) sobre el crimen organizado, ha convertido a nuestro país en una olla express cuyos empaques están derritiéndose. Poco a poco hemos visto como el vapor se escapa en las orillas del país, y quema, sobre todo a la gente que vive cercana a las zonas fronterizas. Y por supuesto a los inmigrantes.

No queriendo pintar un panorama negro, sino más bien siendo justos y objetivos, debemos decir, que si las personas del centro, en específico de la Ciudad de México, pensamos que falta mucho para que esto nos llegue (dejando como de costumbre al lado la solidaridad nacional que deberíamos traer como marca de nacimiento), estamos muy equivocados. Ya se empiezan a ver las muestras de violencia, de cadáveres convertidos en estandartes de cárteles, en la Ciudad. Hace 15 días fue un colgado en el puente de Interlomas, hoy un cuerpo decapitado, con la firma de “La Mano con Ojos”, fue encontrado en Santa Fe.

Los círculos concéntricos se cierran cada vez más. Y esta ciudad, Los Pinos, son el epicentro del desastre.

No dejemos que este terror, esta indiferencia, esta falta de piedad, de humanidad, nos acabe. Tenemos que estar muy al pendiente de lo que sucede dentro de nosotros, no podemos darnos el lujo de acostumbrarnos a la violencia, de integrar a nuestra vida la masacre y la muerte de inocentes, de perder lo que nos hace humanos, de perder lo que nos hace comunidad.

No podemos permitir que nuestra bandera se convierta en un perrito indefenso colgado de un asta por una pandilla de aspirantes a policías, que en unos años, van a “protegernos”. Ellos son un buen ejemplo del tipo de autoridades a las que se nos pide atengamos nuestra seguridad y nuestro país.

 

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